Damián,
He pensado tantas veces en vos desde que te fuiste. Hay cosas que no dije. Algunas por miedo. Otras por orgullo.
Te escribo esta carta desde un lugar que no reconozco del todo. Una especie de casa en mi mente, o quizás en mi alma. Las paredes susurran lo que callé por años.
La noche que te fuiste, dejaste el café en la mesa. Frío. Sin azúcar. Como vos.
Quise correr detrás tuyo. Quise no hacerlo. Me quedé quieta. Siempre fui buena en quedarme quieta.
Vos buscabas pasión. Yo buscaba hogar.
Vos querías incendios. Yo apenas podía sostener una vela encendida.
Te vi apagarte y no supe qué hacer. Me culpé por no saber amar como vos esperabas.
Vos me amaste con urgencia. Yo te amé con miedo. Y ambos fallamos.
Pero… hoy estoy aquí. Y puedo elegir cómo recordar.
— ¿Desde la vulnerabilidad, o desde el orgullo?